Aves inmensas flanquean los obstáculos de agua y vegetación. Las “lentejitas” conforman un “colchón” por el que se navega, entre plantas acuáticas y el desconocimiento de lo que hay más abajo. Los espejos de caudal se combinan con el verde intenso, mientras los algarrobos y quebrachos obstaculizan el camino que se transforma en un entramado casi mágico en la provincia de Formosa.
Estaciones de tren “malditas” en Argentina: dónde están y por qué son famosasBañado La Estrella es ese rincón de la Argentina que se niega a ser descubierto, situado en uno de los extremos más septentrionales del país y resguardado entre rutas imposibles y un paisaje efímero. Este humedal jamás vuelve a ser igual. Quienes tienen un recuerdo de él poseen solo una ficción al regreso. Nada de lo que allí hay se mantiene constante y todo lo que ocurre una vez no vuelve a pasar.
Laberintos de biodiversidad en Formosa
Este increíble escenario es el tercero más grande de Sudamérica, ubicado en la provincia de Formosa, y fue declarado en 2019 como una de las Siete Maravillas Naturales del territorio nacional, donde su inconsistencia es, precisamente, parte de su encanto. La vastedad de la naturaleza se abre entre corrientes y árboles que forman encrucijadas, custodiados por yacarés, jabirús, lobitos de río y la boa curiyú.
Estas especies se resguardan en un paisaje prístino, abrumador en inmensidad y casi inverosímil. El ambiente cambiante del bioma se refleja en su historia: desde 1940, el desborde progresivo y permanente del Río Pilcomayo durante las lluvias de otoño dio vida a este lugar que ni siquiera llega al centenar de años.
El renacer de los champales
Aunque el hábitat se consolidó en 1960, las transformaciones son diarias. El afluente, que nace en los Andes bolivianos, recorre más de 600 km hasta la planicie del Gran Chaco, modificando su lecho y creando, casi por accidente, uno de los paisajes más asombrosos del mundo. Allí emergen los "champales": ejemplares arbóreos muertos cubiertos de enredaderas que se mantienen en pie ante crecidas que pueden superar los dos metros de altura.
En este santuario se instala el jabirú, la cigüeña más grande de América, junto a otras 300 variedades de avifauna migratoria. Es vital entender que el Bañado es un organismo vivo que respira según el calendario. Debido a que las lluvias ocurren en otoño, el invierno es la temporada ideal para encontrarlo en su plenitud, con el nivel de líquido necesario para navegar. En cambio, durante el verano, el flujo desciende drásticamente y las temperaturas se vuelven extremas.
Cómo llegar al Bañado La Estrella
Para alcanzar este paraíso, el viajero debe recorrer unos 300 kilómetros desde la capital formoseña hasta Las Lomitas, un pueblo que carga con historias intensas y récords climáticos que han rozado los 47 °C. Desde allí, la reserva ofrece dos puertas de entrada bien diferenciadas para quienes buscan conectar con lo salvaje.
El Vertedero, ubicado a 45 kilómetros de Las Lomitas por la ruta 28, es el acceso más directo y asfaltado. Allí, un gran puente bajo permite contemplar amaneceres y atardeceres donde la fauna parece posar para las cámaras. Por otro lado, en Fortín La Soledad, se puede vivir la verdadera "frutilla del postre": la navegación en canoas o piraguas. Remar en el silencio absoluto es una experiencia anestésica, una inmersión en la soledad inconmensurable de la naturaleza.